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Jaime Breilh: su lucha por la equidad es un asunto de principios


Publicado: 08-03-2018

Por María Fernanda Cedeño Égüez

Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, las trabajadoras de la Universidad Andina plegamos al paro convocado por las Asociaciones de Estudiantes, de Docentes y de Funcionarias/os y Empleadas/os. Este es el segundo año consecutivo en el que los gremios de esta casa de estudios invitan a las mujeres de la comunidad universitaria a paralizar sus tareas cotidianas y, en su lugar, asistir a las actividades organizadas para reflexionar respecto de los derechos de las mujeres (agenda). Con el fin de evitar inconvenientes en el funcionamiento general de la Institución, sus colegas varones las reemplazarán.

El año anterior, el rector de la Universidad Andina, Jaime Breilh Paz y Miño, estuvo ausente del país. Y lo lamenta: “me perdí de una jornada simbólica muy importante, en la que me hubiera encantado participar. Sin embargo, seguí todos los detalles y supe que el paro fue un éxito lo que me llenó de orgullo y de satisfacción. Ahora, estoy aquí apoyando, personalmente, la iniciativa, reemplazando en sus labores a las compañeras que trabajan junto a mí en el Rectorado; no lo haré tan bien y con tanta eficiencia como ellas, pero lo voy a intentar (en el Despacho del Rector, el 80 por ciento del personal son mujeres) También, trataré de asistir a algunas de las actividades de reflexión que están planificadas y, por su puesto, saldré a la marcha del cacerolazo convocada por el Movimiento de Mujeres Vivas nos Queremos”.

Para el Rector de la Andina, si bien estas actividades simbólicas “son vitales porque nos permiten pensar más allá de la cotidianidad, lo fundamental está en vivir la equidad y para ello hay que abordarla de una forma más profunda y sobre todo, crítica. Solo así podremos revertir las condiciones injustas que nos gobiernan”. 

Lucha hereditaria

La lucha por la reivindicación de los derechos de las mujeres no es nueva para Jaime Breilh. Al contrario, a él le llegó a través del cordón umbilical. Su madre, Germania Paz y Miño (1913-2002) una artista de vanguardia de pensamiento liberal, solía hablarle de las injusticias y de las inequidades. En especial, de las mujeres. “Mi casa, siempre estuvo llena de intelectuales progresistas a quienes les preocupaban estos temas y los abordaban durante largas conversaciones en las que yo intervenía con curiosidad”, recuerda.

Ella le contaba, por ejemplo, que mientras las mujeres ecuatorianas de la época (años 30) estaban confinadas a las cuatro paredes de sus casas, ella estudiaba en la Escuela de Bellas Artes y luego, por impulso de su padre, se fue a Nueva York a The New School for Social Research a seguir preparándose. Pese a que tuvo un ofrecimiento para quedarse allí, decidió regresar porque era en Ecuador donde había que remover las ideas.

A través de la pintura y de la escultura, ella dejó claro lo que le molestaba: la inequidad, las diferencias. Y rompía. En 1961 ganó el gran premio adquisición del Mariano Aguilera con su escultura “Anatomía del Deseo” que desconcertó, tanto por el tema cuanto por la belleza y la sutileza de los trazos eróticos concretados en materiales tan duros como el hierro forjado y el cobre.

“Germania, nuestra escultora máxima”, la llamaba Benjamín Carrión. Ella, fue electa co-directora del Sindicato de Escritores y Artistas del Ecuador en el que se encontraban, además, del mismo Benjamín Carrión: Eduardo Kingman, Jorge Icaza, Diógenes Paredes, Bolívar Mena Franco, entre otros.

“Bella y a primera vista dulce, es tremendamente fuerte e intransigentemente personal. Tiene aguda conciencia social y voluntad de enfrentarse a injusticias. Y quiere hacerlo en arte. Creando formas. Como escultora”, escribió Hernán Rodríguez Castelo sobre ella. 

“Lo que se hereda no se hurta”, dice el adagio popular. Jaime Breilh hizo cuerpo con toda esta fuerza y pensamiento. Así que siguió los pasos de su madre. Pero, no a través del arte sino de la medicina. Él es uno de los primeros investigadores de los grupos progresistas de América Latina que se dedicó a estudiar la relación entre el género y la salud.

Coherencia más allá de los libros

Convencido de que trabajar sobre las inequidades no es una novelería de un día, sino un asunto serio para toda la vida, decidió hacerlo de esa forma. Y empezó en su casa, de la mano de su compañera Cristina Ayora con quien se casó a los 19 años de edad (ella tenía 16) y con quien tuvo dos hijas: María Cristina y María José quienes le han dado -según sus palabras- continuidad a este maravilloso aprendizaje. “Para mí, las luchas por alcanzar la justicia entre los hombres y las mujeres tienen que darse en la intimidad, en todos los aspectos sino, no tiene sentido. No hay peor cosa que ser un feminista en público y un machista en privado”, dice.

Con esa misma claridad pensaba sus investigaciones. Y se cuestionaba. Más de media docena de trabajos científicos sobre género tiene Jaime Breilh. Entre los más destacados se encuentran los siguientes libros: “La triple carga”, que muestra el peso que llevamos las mujeres como trabajadoras, amas de casa y madres; “Género entre fuegos”, aborda el origen de la dominación patriarcal; “Mujer, trabajo y salud” plantea el asunto de género y su relación con el aspecto laboral y la salud. “Género, poder y salud”, es un libro a través del cual se busca comprender cómo las condiciones de género se relacionan con el poder y su influencia de estos en la salud de las mujeres. Esta obra mereció el premio “Manuela Sáenz”, en 1994. En la dedicatoria escribió: “a las mujeres que desafían la inequidad, sin otras armas que la conciencia, la dignidad y el amor, y a los hombres que, por esos mismos motivos, se atreven a la ternura solidaria”.

Hoy, 8 de marzo Jaime Breilh Paz y Miño y su madre vuelven a encontrarse en las ideas y en la acción. Las obras de ella son parte de la muestra “Humanas: Mujeres en el arte ecuatoriano” que se encuentra en el Palacio de Carondelet y que permanecerá hasta el 13 de abril. Las obras de él conforman, junto a otros científicos, la exhibición bibliográfica que se halla en la Andina, por el Día Internacional de la Mujer.

Como ocurría antaño en su casa, hoy, en estos espacios públicos, la sala está llena. Alrededor de la mesa, las mujeres y los hombres inconformes piensan y diseñan, a partir de sus distintas formas de expresión, la manera de continuar avanzando, conquistando derechos para mejorar los vaivenes de una situación que si bien ha mejorado, está lejos de ser perfecta.

MFC / FA

 
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